MARTIRIO

MARTIRIO
Biografía

MARTIRIO 30 AÑOS

Por Raúl Rodríguez

Hay gente que enciende la luz. Cuando el cuarto aún está oscuro y todavía nadie se atrevió a poner un pie dentro, hay siempre alguien que abre la puerta de ese territorio desconocido y prende la primera llama, invitándonos a entrar en un mundo nuevo para que así recordemos que siempre se puede emprender el viaje hacia la creatividad, que todo está por descubrir, que hay que seguir buscando y hay que querer vivir.

En la música popular, la inspiración participa de una trama colectiva. La verdadera tradición no nos pertenece, somos nosotros quienes le pertenecemos, porque esa “razón común” se expresa a través de nuestros recuerdos. La voz que canta toma el aire desde la memoria sonora de los demás y se ofrece en nombre de todos, en una suerte de intercambio justo: la música de siempre presta su oxígeno a quien va a convertirla en copla del futuro.

Toda tradición necesita de creadores y re-creadores, de seres que experimenten y puedan inventar nuevos espacios imaginarios para la convivencia entre los distintos. A finales de los 70, la necesidad de revitalización de nuestra música empezó a encarnarse en algunos aventureros pioneros que con el paso de los años adquirirían el carácter de clásicos populares, catalizadores de un proceso inevitable en el que las músicas forasteras influenciarían a la música andaluza (de nuevo, como cuando, durante siglos, las rutas comerciales nos conectaban con el circuito americano). En aquel entorno de creatividad cruzada, Martirio comenzó a forjarse como un criatura comunitaria, como una voz colectiva que parecía nacer desde un subsuelo imaginario, desde una memoria antigua que se hacía contemporánea asumiendo los rasgos propios y transformándolos hacia los tiempos nuevos, consiguiendo así que muchos de los mecanismos más válidos de nuestra forma de expresarnos pudieran mantenerse en activo y en contacto con lo que vendría después. El impacto fue tremendo porque tremendo era el valor que había que tener. Contraponer la aparente inmovilidad de las tradiciones más arraigadas con los discursos de vanguardia suponía un atrevimiento que quizá no podía llevarse a cabo desde una personalidad civil. Debía ser un superhéroe (con poderes pero también “de barrio”) quien emprendiera esa batalla que aún pudiendo ser perdida tenía que ser librada. Quien es mártir sabe que no vencerá al león, pero su fe le puede. Y su lucha se convierte así en un faro en la tormenta para los demás, para aquellos que piensan que sí merece la pena luchar porlas ideas nuevas, que sienten que el cante sí sirve para algo, porque demuestra que la conquista de la libertad es posible.

Desde su aparición en los años 80, Martirio ha actuado siempre impulsada por esa osadía obligada de los mascarones de proa, construyendo su discurso artístico desde una responsabilidad vital ineludible, siempre buscando un nuevo rumbo. Descubrió que ese camino sólo se iluminaba si las emociones eran verdaderas y profundizó en un cante de una hondura universal, una voz de abrazo abierto que con un cañón de cariño transmite toda la potencia de la ternura. Esa actitud de permanente vanguardia y de compromiso sincero con el arte ha mantenido viva y despierta su carrera durante estos 30 años, sin descansar, haciendo el trabajo que siempre le correspondió: romper la mar, abrir camino para que perdamos el miedo y busquemos aires nuevos que nos inspiren. Gracias a que siempre ha mirado más allá, ha conseguido construir una obra de impresionante valor: aquí hay una vida entera dedicada de forma constante a la búsqueda de nuevos tesoros para nuestro tejido emocional.

“Nunca fue fácil lo hermoso”, dice ella, cuando aparecen las fatigas dobles que hay en todo camino creativo. Ha sido una larga trayectoria de lucha por la belleza que ha necesitado de guerreros compañeros y para ello ha sabido reunirse con los más sensibles de cada lugar y emparentarse con los afines, con los artistas que se la juegan en cada tradición amiga. Todos los que nos embarcamos en los distintos momentos en su aventura hemos estado ahí felices de aportar nuestro mejor saber a una obra que ha sido un laboratorio de emoción abierta, porque en el fondo sabíamos que estábamos creando una música que nos haría un poco más libres a todos.

Martirio es una representante iluminada de toda una generación de gente que buscó una manera diferente de cantar y de tocar, de ser y de estar. Por su carácter pionero, por la calidad y la calidez de las canciones incluidas y por la capacidad creativa de los músicos implicados, siento que esta obra es una obra maestra colectiva, porque enseña las líneas de fuga de la evolución de nuestra música popular en estas tres décadas. Este disco recopilatorio conforma un mapa de nuevas rutas evolutivas para nuestra música, una cartografía útil para poder apreciar la expansión de la expresividad de nuestros sones a través del recorrido por la historia de una de sus puntas de lanza principales. Aquí están muchos de los primeros encuentros de la Copla con el Rock, el Jazz, el Flamenco, el Son, el Bolero, el Tango,… primeras muestras de cómo se conectó esa forma tan nuestra de sentir con otros lenguajes del mundo, antes de que se supiera que eso era posible y sin que nadie asegurara que fuera rentable comprometerse de verdad con lo que se canta.

En casa de mi mama, los relojes son de vanguardia y van 40 minutos por delante del planeta. Y así sucede con su obra, que siempre sonó unos años antes de su hora. Aquí la tenemos reunida y podemos, ahora sí, decirle: “Óle a compás con el mundo.